BASES
eran todo el propósito constitucional; la riqueza, el progreso
material, el comercio, la población, la industria, en fin, todos
los intereses económicos, eran cosas accesorias, beneficios se
cundarios , intereses de segundo orden, mal conocidos y mal
estudiados, y peor atendidos por supuesto. No dejaban de figurar
escritos en nuestras constituciones, pero solo era en clase de
pormenores y detalles destinados á hermosear el conjunto.
Bajo ese espíritu de reserva, de prevención y de temor hacia
la Europa, y de olvido y abandono de los medios de mejora
miento por la acción de los intereses económicos, fueron dadas
las constituciones contemporáneas de San Martin, do Bolívar y
de O’IIiggins, sus inspiradores ilustres, repetidas mas larde casi
textualmente y sin bastante criterio por las constituciones ulte
riores, que aun subsisten.
Contribuía á colocarnos en ese camino el ejemplo de las dos
grandes revoluciones, que Servian de modelo á la nuestra : la
revolución francesa de 1789, y la revolución de los Estados
Unidos contra Inglaterra. Indicaré el modo de su infinjo para
prevenir la imitación errónea de esos grandes modelos, á que
todavía nos inclinamos los Americanos del Sud.
En su redacción nuestras constituciones imitaban las consti
tuciones de la República francesa y de la República de Norte-
Aniérica.
Veamos el resultado que esto pfbducia en nuestros intereses
económicos, es decir, en las cuestiones de comercio, de indus
tria , de navegación, de inmigración, de que depende todo el
porvenir de la América del Sud.
El ejemplo de la revolución francesa nos comunicaba su
nulidad reconocida en materias económicas.
Sabido es que la revolución francesa, que sirvió á todas las
libertades, desconoció y persiguió la libertad de comercio. La
Convención hizo de las aduanas una arma de guerra, dirigida
especialmente contra la Inglaterra, esterilizando de ese modo la
excelente medida de la supresión de las aduanas provinciales,
decretada por la Asamblea nacional. Napoleon acabó de echar
la Francia en esa via por el bloqueo continental, que se convirtió
en base del régimen industrial y comercial de la Francia y de
la Europa durante la vida del Imperio. Por resultado de ese
sistema, la industria europea se acostumbró á vivir de protec
ción, de tarifas y prohibiciones.