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ELEMENTOS
publicidades. La legislatura, los tribunales, el gobierno, deben
estar presentes en ella con todos sus actos, y á su lado la opi
nion del liais, que es la estrella conductora de los poderes bien
inspirados.
Después de la organización del Poder ejecutivo, nada mas di
fícil que la organización de la prensa en las Repúblicas nacien
tes. Son dos poderes que se tienen perpetuamente en jaque.
También tiene la prensa sus dos necesidades contradictorias :
por un lado requiere libertades , y por otro garantías para que
no degenere en tiranía, flecha para defender las leyes, también
es capaz de conculcarlas ; y la libertad puede ser atacada por la
pluma con mas barbarie que por la lanza. En la política, todas
las convulsiones se anuncian por la degeneración de la publici
dad , como en la atmósfera la tempestad por la alteración del
sol. Siempre que la luz se empaña, es aviso de tiempo borras
coso.
Para la República Argentina de esta situación en que la li
bertad se mantiene naciente como el sol de sus armas, yo deja
rla á un lado todas las teorías , y pediria su prensa á la revolu-
ciun de mayo y al gobierno de Rivadavia de 18'‘2l, es decir, á las
dos éjiocas de acción mas eficaz que cuente la historia argentina.
En uno y otro caso la prensa correspondió maravillosamente
al fin político de la revolución argentina. ¿De qué se trató en el
primer tiempo de la revolución de mayo ? — De fundar la au
toridad patria, de crear el gobierno nacional, que debia reem- •
plazar á la autoridad española derrocada en fXfO. — ¿De qué
se trató después de 1820 ? — De reorganizar y afianzar la auto
ridad que acababa de triunfar de la anarquía. En ambas épocas
el asunto era el mismo : fundar la autoridad patria en lugar
del antiguo gobierno realista español. Pero ¿es otro al presente
el objeto de la cuestión? ¿No se trata boy, como en 1810 y en
1821 , de crear y reorganizar la autoridad ?
Rien pues, ¿cuál fué la conducta de la revolución respecto
de la prensa, en los años que siguieron á 1810 y á 1820? —
Exclusiva y celosa, ó mas bien, decididamente política. La
consagró exclusivamente al servicio de su causa , al grande ob
jeto de crear la autoridad nacional. La prensa de Moreno, de
Passo, de Monteagudo, de Alvarez Joule, fué la prensa del go
bierno de mayo, y no hubo otra. Los lüspañoles, únicos adver
sarios de la autoridad patria naciente, no tuvieron prensa ni