706 SISTEM.V ECONÓMICO Y RENTÍSTICO
aproximan á él en su marcha progresiva , y son mas felices á
medida que se acercan al prometido término, aunque jamas lo
alcancen, como el de la felicidad del hombre en la tierra. Por
fortuna no es de Sud-América únicamente esta ley, sino del
pueblo de todas parles; es ley del hombre así en política como
en moral. Su espíritu está cien años adelante de sus actos.
Pero todo eso es aplicable á la libertad política mas bien que
á la libertad económica, — objeto de nuestro estudio, la inénos
exigente, la ménos difícil, ía mas modesta y practicable de las
libertades conocidas. La libertad económica esencialmente civil
es la libertad de poseer y tener, de trabajar y producir, de ad
quirir y enajenar, de obligar su voluntad , de disponer de su
persona y de sus destinos privados. Accesible , por la Constitu
ción , al extranjero en igual grado que al ciudadano, y asegu
rada doblemente por tratados internacionales, recibe de esta
condición su mas fuerte garantía de practibilidad, y asegura ella
misma el porvenir de las otras libertades , tomando á su cargo
su educación, su nutrición, su establecimiento y desarrollo
graduales, como el de la capacidad siempre ardua de intervenir
en la gestion de la vida política ó colectiva del Estado.
En cualquier otro punto se podrá imputar miras paradojales
al régimen político que ha sancionado la República Argentina,
ménos en lo tocante á su sistema económico. En este terreno
modesto, nada contiene que no sea practicable, sensato, po
sitivo á todas luces. Repito que estoy libre del fanatismo inex
perto, cuando no hipócrita, que pide libertades políticas á manos
llenas para pueblos que solo saben emplearlas en crear sus ti
ranos. Pero deseo abundantísimas las libertades civiles ó econó
micas de adquirir, enajenar, trabajar, navegar, comerciar, tran
sitar y ejercer toda industria, porque veo en nuestro pueblo la
aptitud conveniente para practicarlas. Son practicables, porque
son accesibles al extranjero que trae su inteligencia; y son las
mas fecundas , porque son las llamadas á poblar, enriquecer y
civilizar á estos países.
De todos modos hay liviandad y popo seso en suscitar dudas
al pueblo sobre la eficacia de sus trabajos y esfuerzos constitu
cionales, yen enfriar el ardor y la fe con que los prosigue,
calificando de infantiles sus votos, sus juramentos y sus res
petos á la ley fundamental. « Eso es jugar á las constitucio
nes, » dice la envidia escéptica, como si no supiera que los