DE LA INTEGRIDAD NACIONAL
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haba de chocar con el nuevo gobierno central de Buenos Aires,
por el rechazo opuesto á la proposición que trajo su secretario
Barreiro; Artigas suscitó la sublevación de la provincia de Entre
Ríos, contra la cual en\ió Buenos Aires una expedición al mando
del general Balcarcey de Olembert, los cuales fueron derrotados
sobre la marcha por Ramírez. López, gobernador de Santa Fe,
pedia desde entónces la libertad de los rios, para tener rentas
que reemplazaran á las que tuvo esa provincia cuando se bacía
por su intermedio el comercip del Faragua!. Jóven entónces el
señor Cullen, padre del reciente gobernador de Santa Fe, decia
que sin la libertad fluvial « las provincias serian encerradas
como ratones. » El general Biamont, á la cabeza de otra expe
dición de Buenos Aires, invadió la provincia de Santa Fe, á la
que pronto tuvo que desalojar, porque su ejército era destruido,
no en masa, sino soldado por soldado. La montonera, el pueblo,
la guerra de recursos, se burlaban del arte militar.
Bajo esos auspicios fue sancionada la Constitución de 1819,
([ue confirmó el sistema de elecciones de las autoridades pro
vinciales , consagrado por el reglamento de 1817, el cual liabia
traido ya la sublevación armada de las provincias litorales con
tra el gobierno central.
La Constitución unitaria de 1819 vohió á colocar en manos
del gobierno de Buenos Aires el poder (¡ue no tuvieron los vi-
reyes mismos, de dar gobernadores á las provincias. Era un
nuevo grito de alarma á las libertades provinciales.
El gobierno de Buenos Aires llamó en su auxilio al ejército
del general San Martin que liabia repasado los Andes des¡)ues
de la jornada de Maipo. Era llamado para contener á los suble
vados de Entre Ríos y Santa Fe. El general San Martin salió de
Mendoza; pero á la mitad de su camino, por la altura del rio
Quinto, su fuerza, compuesta de cuatro escuadrones, se disper
saba por columnas. Sus soldados no (¡uerian sofocar la voluntad
de las provincias. San Martin dijo á Buenos Aires (¡ue su ejér
cito, compuesto de provinciales, sinqiatizaba con los deseos de
Santa Fe, y no servia para sofocarlos. Regresó á Mendoza, y
repasó los Andes, para emplear mejor sus armas por la emaii-
cipacion del Perú, que afirmaba la del Rio de la Plata.
El gobierno de Buenos Aires llamó entónces al general Bel-
grano, para contener con su ejército, que estaba en el Norte,
las provincias litorales sublevadas; y en Arequito, provincia de