Full text: Organizacion política y económica de la Confederacion Argentina, que contiene: 1. Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina; 2. Elementos del derecho público provincial argentino; 3. Sistema económico y rentístico de la Confederacion Argentina; 4. De la Integridad nacional de la República Argentina, bajo todos sus gobiernos

836 APÉNDICE 
y queria un gobierno conjuntivo para todas las Provincias Uni 
das. 
Investido Buenos Aires del ejercicio de la política exterior (en 
que entraba el poder de reglar la navegación), el primer uso 
que hacía de este poder era conservar la clausura de los ríos. 
Por ese medio, con el monopolio de comercio y de las rentas 
de aduana, traía el poder de hecho de toda la Nación á las ma 
nos exclusivas de su gobierno provincial. Léjos de dividir con 
las provincias los frutos del monopolio, como hacía la España 
en otro tiempo, los empleaba en hacer triunfar su influencia, 
encaminada á sofocar los esfuerzos de las provincias por tener 
un gobierno propio, nacional, y un comercio directo y libre 
con las naciones extranjeras. 
Para oscurecerá los ojos de las naciones extranjeras el origen 
(le la guerra civil y de la falta de gobierno común que tanto per 
judicaban á su comercio, Buenos Aires atribuía á las provincias 
la resistencia contra la idea de constituir un gobierno general. 
La voz de las provincias se ahogaba en la oscuridad de su exis 
tencia claustral, y las naciones extranjeras mas de una vez die 
ren razón á Buenos Aires, que monopolizó, con la diplomacia 
y el comercio, la historia argentina á los ojos del extranjero. 
Unico puerto accesible al comercio exterior, solo su prensa cir 
culaba en los países de fuera, que acabaron por confundir á 
Buenos Aires con toda la República Argentina. La menor re 
flexion basta hoy para comprender que las provincias no podian 
haber peleatlo en el interes de vivir destituidas de su gobierno 
propio y privadas de sus rentas, de su comercio y de sus vi as 
fluviales (le comunicación. 
Con igual claridad se comprende que Buenos Aires no podía 
tener interes en devolver á las provincias, por la fuerza de las 
armas, el goce de todas esas ventajas, que monopolizaba al fa 
vor de la acefalia. Si las provincias hubieran sido las que cons 
piraban , su conspiración habría tenido por objeto adquirir un 
gobierno, en lugar de conspirar contra la estabilidad del que 
no existia. 
Según esto, si el ínteres del desquicio en que vivían las pro 
vincias y de su carencia de gobierno común redundaba en favor 
de Buenos Aires, la responsabilidad del desorden gravitaba na 
turalmente sobre el gobierno local de esta provincia. 
Lo que ha sucedido á ese respecto durante veinte años hajo el
	        
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