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Á LA INTEGRIDAD NACIONAL ARGENTINA.
gobierno de liosas, sucede hoy mismo bajo los sucesores de su
gobierno local. Las provincias se hallan hoy en posesión de lo
que nunca pudieron conseguir. Hoy perciben y manejan su
renta, administran su gobierno interior y exterior, y tienen á
las naciones extranjeras en sus puertos lluviales. ¿Puede concebirse
que conspiren por desprenderse de todo eso, y por volvérselo
á Buenos Aires? — Ciertamente que no. Ellas están contentas,
y por eso están tranquilas. Por la primera vez, desde 1810,
viven en paz, precisamente á causa de que tienen ya un gobierno.
¿ Puede Buenos Aires estar igualmente satisfecho? — No, porque
se ve privado de rentas, de poderes, de ventajas nocionales,
que ántes retenia en provecho exclusivo de su provincia. Luego
el interes de conspirar contra el nuevo orden de cosas existe de
su parte ; y, con el interes, la presunción de la responsabilidad
de todos los disturbios ocurridos después de la caida de llosas.
La historia de la realidad confirma la justicia de esta presunción.
iir.
Después de la caida de Rósas Buenos Aires vuelve á su política dirigida á impedir
la creación de un gobierno nacional y el desarrollo de la libertad fluvial.
— Hechos que lo prueban. — Su aislamiento es un doble ataque al
orden y á la libertad de comercio.
Todos los movimientos de resistencia salidos de Buenos Aires
desde 1852, lian tenido por objeto impedir la organización del
gobierno general argentino, que debia tomarlos
poderes y rentas nacionales que retuvo interinamente Buenos
Aires, é impedir el establecimiento de la libre navegación, que
debia retirarle el monopolio del comercio nacional y facilitar la
instalación del gobierno general, en el que mira su concurrente.
Cuando el general L'rquiza fué con espada en mano á pedir el
cumplimiento del tratado, firmado treinta años ántes por Buenos
Aires con las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, en el cual
estaba prometida la organización de un gobierno general y el
arreglo de la navegación de los rios, que llosas postergaba indefinidamente,
Buenos Aires tuvo la desgracia de resistir al general
Urquiza, poniendo 20,000 hombres en campo de batalla