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BASES
la America no podría persistir hoy en la misma política cons
titucional, sin dejar ilusorios é ineficaces los fines de su revo
lución de progreso y de libertad. Será necesario, pues, consa
grar el catolicismo como religion de Estado, pero sin excluir el
ejercicio público de los otros cultos cristianos. La libertad reli
giosa es tan necesaria al país como la misma religion católica.
Léjos de ser inconciliables, se necesitan y completan mutua
mente. La libertad religiosa es el medio de poblar estos países.
La religion católica es el medio de educar esas poblaciones. Por
fortuna, en este punto, la República Argentina no tendrá sino
que ratificar y extender á todo su territorio lo que ya tiene en
Buenos Aires hace 25 años. Todos los obispos recibidos en la
República de veinte años á esta parte han jurado obediencia á
esas leyes de libertad de cultos. Ya sería tarde para que Roma
hiciese objeciones sobre ese punto á la moderna constitución de
la nación.
Los otros grandes fines de la constitución argentina no serán
hoy , como se ha demostrado en este libro, lo que eran en el
primer período de la revolución.
En aquella época se trataba de afianzar la independencia por
las armas; boy debemos tratar de asegurarla por el engrande
cimiento material y moral de nuestros pueblos.
Los fines políticos eran los grandes fines de aquel tiempo;
boy deben preocuparnos especialmente los fines económicos.
Alejar la Europa, que nos había tenido esclavizados, era el
gran fin constitucional de la primera época ; atraerla para que
nos civilice libres por sus poblaciones, como nos civilizó escla
vos por sus gobiernos, debe ser el fin constitucional de nuestro
tiempo. En este punto nuestra política constitucional americana
debe ser tan original como es la situación de la América del
Sud, que debe servirle de regla. Imitar el régimen externo de
naciones antiguas, ya civilizadas , exuberantes de población y
escasas de territorio, es caer en un grosero y funesto absurdo;
es aplicar á un cuerpo exhausto el régimen alimenticio que con
viene á un hombre sofocado por la plétora y la obesidad. Miéií-
tras la América del Sud no tenga una política constitucional
exterior suya y peculiar á sus necesidades especialísimas, no
saldrá de la condición oscura y subalterna en que se encuentra.
La aplicación á nuestra política económica exterior de las doc
trinas internacionales que gobiernan las relaciones de las na-