EL derecho comercial
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destrucción. ¿No es así como se prepara la unidad?
Libertad de las personas, solidaridad de los inte
reses; tal debe ser la fórmula de todas las asociacio
nes, y ninguna asociación la realiza como la socie
dad anónima.
Pero las sociedades anónimas—se dice—realizan
algunas veces malos negocios, y entonces son es
pantosos los desastres.
En efecto, á veces descarrilan los trenes y las so
ciedades anónimas fracasan; el desastre es grande; en
tanto que el vuelco de una diligencia ó la quiebra de
un tabernero conmueven á pocas personas; cuestión
de proporción.
Sin embargo, de la experiencia se toman sólo los
males. Los engañados habían colocado sus capitales
en empresas, fiados en el nombre de un hombre, á la
vista de un prospecto. Habían hecho casi siempre
plebiscitos de capitales con la esperanza de fantásti
cas ganancias; y tuvieron muchos Sedanes. El castigo
es duro, pero merecido.
El tipo de Gogo ha sido creado en una época en
que la legislación sobre las sociedades era la más es
trecha. Hay y habrá siempre Gogos en materia finan
ciera como en materia política: ninguna ley puede
suprimir una raza de gentes que no quieren creer más
que lo que no está demostrado.
Después del krach de 1882, el Senado francés votó
una ley sobre las sociedades, enumerando más de
cuarenta casos de nulidad con riesgo de no permitir
la formación de sociedades nada más que á los Ro-
berts-Macaires.