86 EL COMERCIO Y LOS COMERCIANTES
hibiciones de entrada y salida, ni à las tasas sobre
las materias primas, que existían antes de aquellos
tratados.
Yo he contribuído á demoler la más formidable
organización proteccionista que existió sobre el con
tinente europeo; la organización de la industria de
los azúcares, con sus bonos y sus primas. Gracias á
sir Michael Hicks Beach, á M. Smeet de Neayer y á
M. Caillaux, la obra está tan bien terminada que si,
por consecuencia de una extraña aberración, el Go
bierno inglés hubiese roto completamente con la
Convención de Bruselas (1908), Francia, Alemania,
Austria-Hungría, Holanda y Bélgica, la hubiesen
mantenido (1),
Este año se ha celebrado el cincuentenario de la
colocación del primer cable transatlántico. Transmi
tía seis palabras por minuto; cada palabra pagaba
una libra, y el despacho había de pagar como míni
mum por 20 palabras. Supongamos que las gentes
demandasen de los Gobiernos que tomasen medidas
para restablecer aquella lentitud y aquella tarifa.
Podrían justificar su proposición declarando que la
rapidez y la baratura de los despachos facilitan las
transacciones y nivelan los precios en los mercados;
pero serían acogidos como grotescos. Y ¿qué hacen
los proteccionistas, cuando piden derechos de adua
nas para encarecer la producción y los transportes?
Piden que el Gobierno obligue á los intermediarios
á volver á los antiguos precios de reventa: y ¿por
qué harían el ridículo pidiendo el restablecimiento
(1) Yves Guyot, 8.