BASES
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union (le sus legislaturas, también es un hecho conocido que la
República de los Estados Unidos tuvo necesidad de instituir su
gobierno nacional en el mas humilde de los lugares de ese país,
pues tuvo que formar al efecto una ciudad que no existia, en
cuyas calles he AÍsto todavía en 1855 vacas errantes y sueltas.
Nueva York, rival de Paris, no es capital ni aun del Estado de
su nombre. Un simple alcalde es el jefe su])erior de esa metr(5-
poli del comercio americano. Su gobierno local reside en Al-
pueblecito interior donde se hacen las leyes del mas bri
llante y populoso Estado del Nuevo Mundo. En nombre de la
autoridad de esos ejemplos séanos permitido declinar de la au
toridad de Rossi, que invocamos en las primeras ediciones de
este libro.
Si la situación geográfica, si el interes local opuesto al interes
de todos, quitan á Rueños Aires toda competencia para ser ca
pital de la Republica, ¿cual otro título le resta? ¿La superio
ridad de su cultura? ¿Su inteligencia en materia de gobierno
constitucional?
Séanos permitido averiguar cuándo, cómo, con qué motivo
adquirió Rueños Aires los hábitos y la inteligencia del gobierno
libre, que le den título para ser capital de un gobierno nacional
representativo.
Si la historia es una escuela de gobierno, no debemos malo
grar sus lecciones porque sea mortificante su lenguaje.
Olvidemos que en dos siglos Rueños Aires fué residencia de
un vi rey armado de facultades omnímodas y de un poder sin
límites.
Prescindamos de los primeros diez años de la revolución en
que Rueños Aires tuvo que asumir esa misma omnipotencia
para llevar á cabo la revolución contra España. No hablemos
de las reformas locales del señor Rivadavia, en que ese publi
cista, con mas bondad que inteligencia, organizó el desquicio
del gobierno argentino.
¿Cuál ha sido la suerte de las libertades y garantías de Rueños
Aires durante los últimos veinte años?
La dunswn del poder es la primera de las garantías contra el
abuso de su ejercicio. Por veinte años la provincia de Rueños
Aires ha visto la suma total de sus poderes públicos en manos de
un solo hombre.
La responsabilidad de los mandatarios es otro rasgo esencial