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DE LA REPf BLICA ARGENTINA. 777
Brasil de restablecer su manía también achacosa, por convertir
en portuguesa de raza á la República Oriental, española de san
gre y de idioma.
Artigas quería que Montevideo perteneciera á las Provincias
Unidas del Rio de lo Plata, con solo algunas limitaciones del
poder central. Desde 181 i, en que se tomó aquella plaza á los
Españoles, despidió del suelo oriental á las fuerzas de Buenos
Aires, que se retiraron trayendo la artillería y parque de esa
provincia: medida de guerra, prudente tal vez, que dejó no
obstante desazonado el espíritu local. Á fines de 1816 envió Ar
tigas á su secretario Barreiro con proposiciones al gobierno de
Buenos Aires, en que ofrecía agregar la provincia oriental al
Estado de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, bajo el sis
tema federal. Artigas proponía eso después de haber triunfado
de sus adversarios bonaerenses en la Banda Oriental, siendo
Borrego el último de los derrotados. Artigas decía, « que no
quería salir del poder de los Españoles para entrar en poder de
los de Buenos Aires. » El director Pueyrredon, siguiendo el pa
recer de un círculo secreto que dirigía la política contra España,
desechó la proposición de Artigas; el cual no tardó en suscitar
las resistencias de Entre Ríos y Santa Fe, dirigidas á disputar á
Buenos Aires el derecho de dar gobiernos á las provincias inte
riores. Capital! de blandengues de un cuerpo veterano, hijo de
una (lelas principales familias de Montevideo, Artigas fuá pre
sentado sin embargc) como un malhechor. Si mereció este dic
tado por sus violencias, á la historia le toca darse cuenta del
principio ó tendencia (pie le puso en acción : los excesos suelen
acompañar a todas las causas, buenas y malas, porque son hijos
de la lucha.
Averiguad de Artigas al señor Herrera yóbes, al benemérito
Argentino I). Gregorio Gómez, y os dirán, poco mas ó mános,
lo que acabais de leer. Alejandro Dúmas, en su Nueva Troya,
ha rehabilitado el carácter histórico de Artigas con buenos
datos, que le suministró el general Pacheco y ('tbes.
Así se preparó desde aquel tiempo la pérdida de Montevideo
y el 1 araguai, por el anhelo de extender el ascendiente central
( e {uen(Ds Aires á las provincias, que solo lo querían en forma
ana oga a la que existió por siglos, y que hoy recien, á los cua-
lenta anos, se ha consagrado en la Constitución general de 1853.
l oniendo en paz la Nación con la provincia, esa Constitución