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sura bajo el aliciente de una ley local de libertad fluvial, en
que aparentó confirmar la ley anterior, dada por la República,
que no estaba en su mano eludir de frente. La ley fue dada con
reservas propias para eludir el principio por medio de las ex
cepciones. Lo cierto es que Buenos Aires no escribió el principio
de la libre navegación en su constitución de provincia, ni dejó
de insistir en su protesta contra los tratados internacionales
de libertad fluvial. Todo princqúo de ese género deja de ser es
table en Sud-América, mientras no se consigna en un tratado
internacional.
Algunas naciones extranjeras, sin comprender el sentido
reaccionario de la política local de Buenos Aires, le dieron su
apoyo indirecto, acreditando agentes diplomáticos cerca de su
gobierno interior y de provincia, disimulada con el nombre de
Estado. Sin duda esas naciones creyeron ese el mejor medio de
obtener ventajas de comercio en todo el país, que consideraron
destinado fatalmente á vivir bajo el predominio de Buenos Ai
res. Pero indudablemente cayeron ellas en un doble error de
esperar libertades de manos del monopolio, y de creer que Bue
nos Aires pudiese volver á tener los medios con que en otro
tiempo dominó la República. Esas naciones olvidaban que ellas
mismas hablan ayudado á quitárselos por la esti¡)ulacion de los
tratados perpetuos de libertad fluvial. Cooperando á la desmem
bración del territorio fluvial argentino, en menoscabo de los
tratados que otorgaron la libre navegación para todo ese terri
torio sin excepción de parte alguna, ellas se hadan partícipes
de la conspiración de Buenos Aires contra la libertad lluvial,
en que están interesadas para el desarrollo de su comercio, y
contra la creación de un gobierno argentino, que no les inte
resa menos por ser una garantía de la tranquilidad interior,
esencial también á su comercio. ‘
Con las mejores intenciones se constituían auxiliares invo
luntarios del monopolio y del desorden, obrando en oposición
directa de los intereses (¡ue les eran mas caros.
Al ejemplo de esa política y por causa de ella, el Brasil, tan
opuesto á la libertad fluvial como Buenos Aires, pudo prestar su
sanción y apoyo irresponsable á la resistencia de esa provincia
argentina, teniendo la disculpa que le daba el ejemplo de otras
naciones interesadas en la libre navegación.
Entró en relaciones diplomáticas con Buenos Aires, recono-