256 EL COMERCIO Y LOS COMERCIANTES
En realidad, la cuestión no ésta entre «la práctica»
y la teoría, porque todo el mundo está de acuerdo en
un punto: la necesidad de que un joven conozca su
oficio.
Toda la cuestión estriba, pues, en saber cómo lo
aprenderá mejor con un menor esfuerzo, en menor
tiempo y con menores gastos.
Tienen ciertamente razón aquellos que dicen: «la
única manera de aprender el comercio, es entrar en
una casa de comercio». No se aprende la medicina
en los cursos: hay que agregar á éstos la clínica en
la cabecera del enfermo. No se aprende el oficio de
abogado en las escuelas de Derecho; se aprende en
el bufete de un procurador, ó en el gabinete de un
magistrado. Evidentemente, el comercio sólo se aprende
practicándolo. Toda la cuestión está en saber si
vale más comenzar la práctica con un ligero bagaje
de conocimientos, ó bien provisto de los que podrán
ser útiles. Esto nos lleva á preguntar si vale más
saber aritmética ó no saberla, conocer la contabilidad
ó saber sólo sumar, antes de entrar en la práctica
comercial; y si se me responde que esto es decir
por decir, y que la cuestión no mira á este género de
conocimientos como no discute el saber leer y escribir,
yo pregunto por qué ha de detenerse ante cononocimientos
de otro orden.
Pero como ningún hombre puede tener la pretensión
de ser una enciclopedia, la cuestión se reduce á
que es preciso hacer una selección entre los conocimientos
útiles á un comerciante y determinar los que
debe preferir. '