LOS COMERCIANTES
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pación constante debe ser provocar la urgencia de las
necesidades latentes.
La satisfacción de esta necesidades que no se había
manifestado, puede rendir los mayores servicios.
Doulton ha provocado necesidades de limpieza que
no sentían nuestros abuelos en el mismo grado que
nosotros; pero una gran mayoría de nuestros compatriotas
tampoco las sienten aún. No basta, pues, que
el industrial ó el comerciante hayan hecho una obra
útil provocando la manifestación de una necesidad
para obtener de ella una remuneración inmediata.
Ellos pueden tener razón demasiado pronto y caer
en el misoneísmo. Yo he oído recientemente este diálogo
en París:
—«¿A dónde va usted?—A tomar un baño.—¿Está
usted enfermo?» Toda nueva necesidad es un lujo en
opinión de los que aún no la han sentido ó que no
tienen recursos bastantes para satisfacerla.
Muchos pequeños comerciantes, farmacéuticos, especieros,
se percataban de que la tarea de llevar la
Caja era bastante complicada, y exigía una cuidadosa
vigilancia, y pensaron aunque muy confusamente
en los medios de simplificarla y garantirla. Algunos
entreveían quizá una máquina que pudiera hacer el
registro, pero no llegaban á concretar su pensamiento
juzgándolo irrealizable. Los americanos lo han
realizado: Dayton construyó las cajas registradoras,
las dió á conocer, y la National Cash register Company
ha hecho uno de los más bonitos negocios del
mundo.
Esta Sociedad remite unos cuestionarios á sus